La madre que te parió

Una Misa en la que celebrábamos las comuniones de la parroquia se dio la situación de que había muchos niños pequeños. Entonces los niños, como es lógico, comienzan a hablar, a moverse, a hacer ruidos… Vamos, nada que me sorprenda. Hasta que veo como uno va corriendo de un lado para otro; pero el momento cumbre fue cuando hizo todo un piscinazo en medio de la iglesia… ¡Pobre niño! ¡Menudo golpe se metió!

Es bastante difícil celebrar la Misa pero, sobre todo, predicar en medio de los llantos, risas, carreras por el pasillo… Sin embargo debo decir que no lo cambiaría por nada del mundo.

Sí, es verdad que la Santa Misa no es un momento cualquiera. El Catecismo, recordando la Lumen Gentium, dice que “la Eucaristía es fuente y culmen de la vida cristiana” (CCE 1324). Curiosamente, en el comienzo de su obra El espíritu de la liturgia, J. Ratzinger recuerda que en el siglo XX se planteo la liturgia como un “juego”. Pero no, no el es. Es el momento, la celebración eucarística, en el que se unen la Iglesia celeste y la Iglesia que peregrina aún en la tierra para actualizar el sacrificio redentor de Cristo, que sucedió una vez para siempre, que abraza a toda la humanidad y la historia del hombre, desde los primeros padres hasta su regreso, y que hace presente a Jesús vivo y real.

J. Ratzinger en la obra antes mencionada afirma:

La liturgia cristiana (…) la liturgia de la promesa cumplida, del movimiento de búsqueda de la historia de las religiones que ha llegado a la meta, pero siendo liturgia de la esperanza. Lleva también en sí misma todavía la señal de la provisionalidad. El nuevo templo, o edificado por manos de hombre, ya está aquí, pero, al mismo tiempo, está aún en construcción. El gran gesto del abrazo, que parte del Crucificado, no ha llegado aún a la meta, sino que acaba de comenzar. La liturgia cristiana es liturgia en camino, liturgia de la peregrinación hacia la transformación del mundo, que se realizará cuando “Dios sea todo en todos”.

Uno puede preguntarse: ¿qué tiene que ver el definir la Eucaristía con un comentario sobre una celebración “plagada” de niños que parecen molestar? Voy a concretar en varios puntos la relación intrínseca que ambos temas tienen y que me parecen fundamental:

  1. La Eucaristía es fuente de la vida cristiana. En el bautismo, antes de rezar el Padrenuestro, el sacerdote indica que un día el/la niño/a recién bautizado/a se acercará al altar y orará con las palabras de Jesús para luego recibir la comunión. Y, ¿para qué? Porque Cristo es alimento para el camino de la vida, viático, que da vida y nos prepara para la vida eterna.
  2. Y el niño o la niña en cuestión no nace de un árbol. No. Es generado en una familia por papá y mamá. Es fruto del amor. Ellos, que participan de la paternidad y maternidad divina, colaboran en el plan creador de Dios al continuar la descendencia, al “crecer y multiplicarse” (cf. Gn 1, 22).
  3. Así se convierte la familia en el camino de la Iglesia (GrS 2) tal y como lo recuerda san Juan Pablo II. El mismo Dios quiso también tener una familia, un hogar en el que crecer y madurar como los hombres. Pero que es a la vez el lugar donde primero se descubre la fe, donde los padres son transmisores y apóstoles ante y con sus hijos de la alegría de seguir a Cristo.
  4. La celebración de la Eucaristía es el lugar donde se reúne la comunidad para celebrar que “Cristo ha vencido a la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal” (PE II).

Como comunidad nos reunimos, sobre todo los domingos, día en que Cristo resucitó, para celebrar su victoria sobre la muerte y que ha compartido con nosotros esta victoria, haciéndonos partícipes de su herencia: la vida eterna. Así, las familias acuden a la celebración de la Misa porque en ella se descubre como la liturgia es la liturgia de una promesa, de una esperanza. Y, además, la Eucaristía tiene una fuerza educativa que ha perdurado generación tras generación, siglos y siglos (cf. GrS 18). “No hay otra fuerza ni otra sabiduría mediante las cuales vosotros, padres, podáis educar a vuestros hijos y también a vosotros mismos” (GrS 18).

Es verdad que a veces los niños son molestos en Misa. Yo por eso le ruego a los padres siempre que los niños estén con ellos: para que papá y mamá sean un ejemplo de como estar y vivir la celebración de la Eucaristía, y para que ellos cuiden y enseñen a sus hijos. Pero es necesario recordar que en la infancia se manifiesta la inocencia del corazón, esa actitud bella en la que el niño, con su libertad tan evidente, manifiesta lo que vive. Ellos con sus llantos y risas, con sus peticiones en voz alta o los diálogos que hacen en medio de la celebración, solo pretende manifestar lo que son. No le va uno a pedir a un niño pequeño que se comporte como un adulto. Pero si al adulto que cuide y dé testimonio ante el niño de la belleza de la liturgia.

La Eucaristía es el lugar donde la comunidad se descubre como familia unida por Cristo. Y en Él todos tenemos cabida. No vamos a echar a nadie, no podemos humillar a ningún padre o madre por su hijo. Es una alegría que vengan porque ellos son el futuro y presente de la Iglesia. Y porque la fe que se vive en familia es una dimensión más que ha enriquecido a ese vínculo familiar.

Así que cuando pensemos en “la madre que parió a los niños”, demos gracias a Dios porque ellos están en nuestra celebración, que nos recuerdan la necesidad de ser pequeños y humildes, que manifiestan su relación con Jesús en su singular modo de acercarse a Él y que son los testigos de Cristo en el mañana.

¡Gracias familias! ¡Gracias Iglesia!

[Imagen: Cathopic.com]

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Comentarios a esta entrada:

  1. Marcial

    Pues, sinceramente, después de la argumentación ofrecida me ha defraudado la conclusión. Esto es muy sencillo: tengo hijos pequeños que no han hecho la Primera Comunión, pues no los llevo a MIsa y les ofrezco cada Domingo en casa formación adecuada. Me turno con mi mujer y ya está y si uno de los dos no podemos ir por este motivo, pues bien justificados que estamos, sin escrúpulos. La Misa es el gran medio para amar a Dios y no una reunión de papás y mamás con nuestros niños.

  2. rezoporti.org

    Yo no trato de ser exhaustivo en el tema ni de dar una solución concreta.
    En caso de que la hubiere, debería ser que los niños pueden participar en la Misa. Pero creo que los padres deben estar con ellos y cuidarlos. Participar en Misa no es ir a una reunión de padres sino ir entrando en la pedagogía divina y en la liturgia de la Iglesia, por medio de la cual vamos creciendo en la fe. Creo que es importante participar en familia porque la fe es una dimensión que acrecienta el vínculo familiar.
    Por cierto, los primeros cristianos, tal y como hemos recogido en el Ritual de la Iniciación cristianos, a los catecúmenos sólo los aceptaban en una parte de la celebración.
    Siento no haber sido de gran ayuda. Un saludo.

  3. Marcial

    No hombre, en absoluto. Este es un tema de rabiosa actualidad. Hay parroquias en las que los niños están atendidos por monitores voluntarios mientras los padres están en Misa. Es una buena solución. Y si los niños van a Misa, pues que adquieran el hábito de comportarse. Para eso también están los padres. Y que el sacerdote pueda oficiar con respeto, recogimiento y solemnidad. Hace años en la catedral de Granada el pobre sacerdote tuvo que interrumpirse más de una vez, se equivocó y al final conminó a la madre a que se llevara al pequeño huno. ¡Y la madre se enfadó! Lo que faltaba.
    Enhorabuena por el blog, que he visto a través de un tweet de Elentir. Aquí estamos para lo que necesites.

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