En el corazón de la Iglesia…

«Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres Tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el Amor… Así lo seré todo…» (Santa Teresa de Lisieux, Historia de un alma, Monte Carmelo, 20027, p. 241). Santa Teresita, a quien celebramos el 1 de octubre, confiesa haber descubierto su vocación. Porque ella era muy suya y decía que tenía todas las llamadas: el martirio, a ser apóstol… pero que en medio de todo ello sobresalía el amor, y de un modo concreto el vivir ese amor en el corazón de la Iglesia…

Y una mujer, viviendo como carmelita descalza, en aquella clausura, descubrió como Dios la llamaba a entregarse con un solo verbo: amar. Ser el Amor no significa otra cosa que transparentar a Aquel que es el Amor: Dios. Pues cuando leí esto con 12 años me quedé impresionado y me preguntaba qué pintaba Dios en mi vida cuando yo no le llegaba a santa Teresita ni a la suela de los zapatos.

En medio de esta crisis que azota a la Iglesia, de cosas malas, muy malas, pesadas y reiterativas, y con luces muy buenas, noticias que son verdaderas alegrías, sigo pensando que nuestra misión primera, como bautizados, es ser ese corazón de la Iglesia. En el Libro del Eclesiastés ya se nos dice que «todas las cosas cansan». Pero hay Alguien que es una eterna novedad, que es capaz de hacerlo todo nuevo, de sorprendernos constantemente. Y de ser, en medio de tantas sombras, la Luz de la cual podemos cantar cada vigilia pascual que «no conoce ocaso y es Cristo».

Para mí es un bien poder escribir porque antes reflexionaré y leeré. Si a alguien le ayuda, bendito sea Dios. Y si nadie lo lee, bendito sea Dios. Y al final, como Job, debo buscar mi felicidad en Él. Y mostrar cómo Cristo a mí me ha hecho feliz, como Él sigue cuidando de su Iglesia y como todo lo que sucede, también lo malo, es una oportunidad nueva para re-nacer o nacer de nuevo (cf. Jn 3), de que la Misericordia nos abrace. No esperéis grandes cosas porque no tengo nada más que a Él.

Yo, hoy, siempre, quiero ser, en el corazón de la Iglesia, el Amor. Y de eso va esta aventura, este blog: de mostrar su amor. ¡Bienvenidos!

(Agradecido, de un modo especial, a mi amigo Elentir)

[Imagen: Cathopic.com]

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Comentarios a esta entrada:

  1. Ha sido un placer poner mi granito de arena en este proyecto. Te deseo una feliz andadura en la blogosfera. 😉

    Un abrazo.

  2. ¡Te has adelantado, P. Nico! Dijiste que empezarías en octubre (o eso entendí yo), pero este post no podía venir más a propósito para el día en el que lo leo, memoria obligatoria de Santa Teresita y con la primera lectura de la Misa de hoy del Libro de Job.

    A mí también me calaron hondo esas palabras de Santa Teresita, así como las del Santo Job. He procurado amar a las personas que Dios ha puesto en mi vida e intento transparentar su Amor continuamente (aunque, a veces, logre lo contrario). Pero unas veces la respuesta es positiva y otras lo que logras es, más bien, alejar a las personas a las que quieres.

    Hoy mismo, leyendo y reflexionando sobre esas lecturas del día, pensaba en eso: el Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el Nombre del Señor.

    ¡Enhorabuena por este blog! Espero que haga tanto bien, al menos, como aquel primero que tuviste cuando te conocí -y del que ya ni su nombre recuerdas- hará casi unos diez años (aunque en persona sean sólo nueve, al igual que a Elentir).

    Que Dios te siga bendiciendo mucho.

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